APRENDER A SER AFECTIVOS
'No nos callamos ni un reproche. Pero omitimos muchos halagos. Nuestra 'cuenta corriente' emocional está en números rojos y afecta negativamente a nuestras relaciones'. (Estas son palabras de Ferran Ramón-Cortés)
Y yo me pregunto: ¿Por qué nos cuesta tanto decir las cosas buenas que hacen las personas que tenemos a nuestro alrededor, y sin embargo decir las malas nos sale de forma tan natural? No me vale la respuesta de un amigo que me dijo que 'lo bueno se sobreentiende, y sin embargo cuando le dices lo malo a tus amigos los ayudas a mejorar'. Seguro? Y yo me pregunto: No es mejor el refuerzo positivo? O si acaso poner en equilibrio la balanza entre lo bueno y lo malo?
Hay una historia que saqué de una revista que me dio que pensar sobre este tema y que, de alguna manera me abrió los ojos.
'Tengo una amiga que se acaba de despedir del trabajo. No me sorprendió, porque llevaba ya mucho tiempo profundamente descontenta. Me había contado en numerosas ocasiones lo poco reconocida que se sentía, la cantidad de reproches que recibía, y cómo estos reproches estaban haciendo mella en su autoestima. Había llegado a plantearse que no hacía bien su trabajo. Empezaba a dudar de sí misma.
Me contó que tras anunciar que se iba su jefe la llamó a su despacho y le dijo:
-Por qué te vas? Eres una excelente persona y me gusta cómo trabajas. Te valoramos y nos haces falta.
Su respuesta fue muy simple:
-Por qué en nueve años es la primera vez que me lo dices.
Su jefe se defendió. Le dijo que debería de saberlo aunque no se lo dijera. Que estas cosas se notan, y que, por tanto, tampoco hace falta decirlas cada día. Mi amiga le reconoció que quizás sí, pero que a ella le hubiera ayudado oírlas, y que en cualquier caso lo que nunca había dejado de decirle en todo este tiempo es lo que nole había gustado de ella...'
Estamos acostumbrados a decir a los demás todo lo que no nos parece bien de ellos. Pero raras veces les decimos lo que sí nos gusta. Comunicamos lo que nos separa, pero casi nunca lo que nos une. Esta carencia de halagos y exceso de reproches nos acaba afectando. Daña nuestra autoestima (Uno se lo acaba creyendo) y daña también inevitablemente nuestras relaciones.
Me parece, cuanto menos curioso cómo lo que debería ser lo 'normal', que es ser y hablar de forma positiva, aún cuando tengamos que decir algo que no nos guste mucho de alguna persona, termine llamándonos la atención por "extraño". Cuesta mucho, no ver las cualidades de las personas que nos rodea, sino comunicarlas y dar una palmadita en la autoestima (todos la necesitamos, o por lo menos nos ayuda, por muy autosuficiente que seamos).
Bueno, espero que estas palabras sirvan para algo, si es que alguien las lee.
Un abrazo para todos y mucha magia...
GBS



riyue dijo
Claro que hay alguien que te lee.
Gus, tienes razón.somos exigentes con los demás.
eso es algo que se debe cuidar,con mis hijos es algo que trabajo mucho para crearles autoestima.Además reconocer que las cosas se hacen bien es una muestra de afecto,pero la mayoriía de las personas carecen de ello y dan lo que reciben.
Por otra parte las envidias hacen que cuando una persona no es capaz de demostrar su valía, tira por tierra la del que tiene en el punto de mira para no destacar su falta.
Pero tambien es muy importante no necesitar del reconocimiento de los demás para saber lo que nosotros mismos valemos o somos.
Somos de una especie de lengua ligera,si pensáramos antes de hablar y nos pusiéramos en el lugar del otro y pretebdiéramos ser equitativos, nos callaríamos.Pero no hay más que ver la tele.Se premia al que mejor insulta y agravia.
No hay programas que enseñen respeto y reconocimiento.
Por eso hemos de empezar por nosotros mismos y nuetro entorno.
Bonita reflexión.Me alegro que vuelvas.
Pasaté por mi blog y a la derecha tienes enlaces de amigos de la coctelera que nos visitamos con asiduidad, algunos ya te habían incluido entre sus amigos.Leelos y los que te gusten incluyelos como amigos.Verás que sorpresa.
Besos
27 Mayo 2008 | 03:50